Punto de vista: La Historia

Mercedes Arbesú, nació en Santa Marina, un pueblo del concejo de Siero, Asturias. Periodista de profesión y como opción de vida Mujer Consagrada. Pertenece a la Congregación Misioneras de María Mediadora desde 1992. Ha trabajado en España, Colombia, Malawi y Honduras. Desde septiembre del 2012 reside en el Área 49 de Lilongwe, en la misión que las Misioneras de María Mediadora tienen en la capital de Malawi, África.

Me gusta leer, disfruto leyendo y nada me relaja más que sentarme con un libro o un buen artículo y saborear una taza de café, son cosas que por no poder hacerlas con frecuencia se disfrutan más.

Hace unos días hablaba sobre El libro de mi destino de la escritora iraní Parinoush Saniee y como me había impresionado el valor de su protagonista, Masumeh, para enfrentar situaciones limites en un país como Irán convulsionado por la revolución de 1979 y lo ocurrido en los años posteriores.

Mencionaba también en ese post que estaba a punto de iniciar la lectura de otro libro escrito por un ex niño soldado en Sierra Leona. No lo he terminado porque A long way gone hay que leerlo despacio y digerirlo poco a poco. Ishmael Beah narra su experiencia cuando su aldea es bombardeada; cuenta su huida y su captura por los rebeldes y como es forzado a luchar arrastrando un fusil más pesado que él.

Aún me quedan páginas para finalizar el libro pero cada escena de violencia, de muerte, de saqueo, de infancia perdida me eriza la piel por la dureza de la descripción, por el realismo que trasmite. Digo que me quedan páginas para terminar porque no puedo leer mucho sin que me afecten las escenas descritas.

En los conflictos armados los niños lo pierden todo. Pierden físicamente a sus padres y pierden el bienestar, la ilusión; pierden los sueños y pierden la alegría. Se hacen mayores de repente y se les exige que actúen como tal. Son usados y utilizados por gente sin escrúpulos que no dudan en manipularlos en su propio beneficio.

Pero hay otros niños que sin estar inmersos en una guerra sufren desprecio y son humillados. Niños que viven en la calle porque es mejor estar ahí que en su casa; niños que piden limosna o cualquier cosa porque todo les viene bien. Niños que cuando dejan de serlo se convierten en jóvenes delincuentes perdidos entre el mundo de la droga y el robo.

Niños en las zonas rurales que son sacados de las escuelas porque se necesita mano de obra en el campo; niñas que quedan en sus chozas cuidando de los hermanos pequeños, yendo por agua o leña. Una infancia que abandona la escuela e hipoteca su futuro sin darse cuenta que es el suyo y que nadie luchará por él.

Malawi no es una excepción. Es cierto que el país se ha escapado de conflictos armados pero no ha podido dar cobijo ni ayuda a los niños que pululan por sus calles ni ha sabido crear programas de apoyo para los que viven en las zonas rurales.

Me afecta esta situación porque he trabajado con niños y niñas huérfanas y porque he escuchado historias que te hielan la sangre. A veces los humanos somos auténticos lobos que no dudamos en jugarnos el futuro de los más indefensos en nuestro beneficio.

Sueño con que esto cambie. Sueño que esta historia se transforme y quien nazca hoy, sea donde sea, tendrá los derechos y la libertad de ser él mismo, y de vivir cada momento como le corresponda sin amenazas ni miedos. Soñar no cuesta y los sueños, a veces, se realizan, lo digo por experiencia.

Por: Mercedes Arbesú

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