“La Bestia no me robó los sueños de ver una Honduras mejor”: Jose Luis Hernández

“La Bestia” me robó el don de tocar una guitarra, robó los sueños que traía de ayudar a mi familia, robó mi pierna, mi brazo, mi otra mano, pero no me robó los sueños de ver una Honduras mejor, los sueños de poder abogar por tanta gente que necesita que seamos su voz. Tampoco me robó las esperanzas que aún tengo”.  Jose Luis Hernández, coordinador de la Asociación de Migrantes Retornados con discapacidad, Amiredis.

Jose Luis es originario de la aldea San José, en Locomapa, departamento de Yoro en Honduras. Creció en la ciudad de El Progreso, Yoro, en medio de limitaciones por la extrema pobreza en la que vivía su familia. Es el segundo de cuatro hijos.

En el año 2006, desesperado por la crisis económica, se sumó a la lista de al menos 80 mil hondureños que se van del país cada año con rumbo a Estados Unidos en busca de un mejor futuro, del mal llamado “Sueño americano”. Hondureños que son expulsados del país producto de la violencia, el desempleo y la falta de oportunidades.

Entératehn.org habló con José Luis Hernández, quien actualmente reside en Maryland, Estados Unidos. Abrió el cofre de los recuerdos y nos narró cómo ha sido su vida, las luchas que ha emprendido y cómo hoy se encuentra viviendo en el país del norte.

¿Sos de una familia grande o pequeña?

JL. Soy de una familia grande, por parte de mi mamá son 16 hermanos y por parte de mi papá son 11 hermanos y pues yo tengo 4 hermanos y ahora tres sobrinas. Eso sí, somos una familia luchadora.

¿Cuáles eran tus sueños de niño?

José Luis Hernández antes de su primer viaje como indocumentado a Estados Unidos.

JL. Tengo que decir que tristemente crecí en extrema pobreza, nunca tuve ni tan siquiera un juguete. Me gustaba jugar futbol.

Soñé con ser músico profesional, tener mí casa, mí carro, un negocio. Yo creí que podía lograrlo. Aprendí a tocar guitarra a los seis años viendo a mi papá y a mis tíos que eran músicos, pero hasta ahí llegó todo.

¿Cómo te fue en los estudios, eras buen estudiante?

El problema fue que por causa del Huracán Mitch en 1998, cuando tenía 11 años, tuvimos que migrar de nuestra aldea San José en Locomapa, Yoro, hacia la ciudad, no había terminado la primaria y cuando llegamos a El Progreso todo era trabajar y trabajar de lo que fuera; tenía que ayudar a pagar alquiler y pues no tuve la oportunidad de seguir mis estudios. Afortunadamente después de un tiempo aunque con gran sacrificio pude terminar el sexto grado.

¿Por qué decidís irte “Mojado”?

JL. La falta de oportunidades, como todos. Después de buscar y rebuscar trabajo de lo que fuera, logré conseguir ayudando a hacer vallas publicitarias a un señor que se llama Manuel Murillo, pero ganaba muy poco y días había trabajo y días no. Busqué trabajo en la Maquila y en otros lugares pero no me daban y en esa desesperación fue que se me cruzó la idea de migrar junto a un amigo.

¿Qué edad tenías la primera vez que intentaste llegar a Estados Unidos?

JL. Tenía 16 años. Mi mamá estaba muy triste porque me iba. Recuerdo que me fui con un amigo de “mojados” se llama Selvin Argueta, pero nos agarró migración en Ixtepec, Oaxaca, y nos mandaron para Honduras. No andaba ninguna identificación porque era menor de edad. Regresé a Honduras a intentar trabajar de nuevo.

¿Decidiste tomar el camino hacia Estados Unidos de nuevo, cuánto tiempo había pasado desde la primera vez?

JL. Ya tenía 17 y casi cumplía 18 años. Decidí irme mojado otra vez, volví a agarrar el camino con Selvin nuevamente. Quería un mejor futuro para mi familia, salir de la pobreza, eso era lo que me motivaba.

Teníamos 20 días de camino. Aguantamos sed, hambre, me asaltaron, vi como una muchacha fue violada, un muchacho de Guatemala se cayó  del Tren y “La Bestia” (nombre con que se le conoce al Tren en el que viajan los indocumentados) le mutiló una pierna. Fue muy impactante para mí ver todo aquello. Sin embargo mi deseo por llegar a Estados Unidos era más fuerte, seguí sin saber lo que me esperaba.

¿Te faltaba mucho para llegar a la frontera entre México y Estados Unidos?

JL. Era el último tren en el que me subía. Iba de Torreón a Juárez (800 Km). Hacía un calor insoportable, era el mes de junio. Estaba cerca de una ciudad que se llama Delicias. A ese lugar le llaman Los Vencedores del Desierto. Era un clima desconocido para mí, un calor infernal. Yo iba sentado donde van acoplados los vagones del Tren, me iba quitando los zapatos, no los aguantaba porque llevaba los pies hinchados de tanto caminar y en eso estaba, cuando de repente…

Su voz se escucha un poco inestable, se entrecortan sus palabras. Lo interrumpo y  pregunto, ¿Recuerdas que día fue?

JL. Si…. (Hace una pausa larga, escucho que suspira profundamente, como conteniendo sentimientos), fue un 11 de junio de 2006 no recuerdo el día (era una Domingo), pasaban las 10 de la mañana, responde lentamente.

No puedo ver sus movimientos,  tampoco los gestos que hace, (la entrevista es por teléfono) pero su voz denota dolor, tristeza. Imagino que el revivir los recuerdos lo estremece, pienso que no es fácil revivir momentos de tanto dolor para su vida. Le pido que retome la crónica de su vida.

¿Qué fue lo que pasó?

JL. Quedé a oscuras. Me desmayé y caí.

¿Te caíste del Tren?

JL. Sí, cómo olvidarlo. Me caí del tren. Sentí un golpe fuerte. El mismo golpe me hizo despertar. Pero ya el tren me había mutilado la pierna derecha. Entre consiente e inconsciente en medio de la desesperación metí mi mano para poder sacar mi pierna y el tren me mutiló mi brazo derecho y al ver mi brazo metí mi  mano izquierda para poder sacarlo y también me mutiló unos dedos de la mano izquierda.

Exactamente en el lugar donde Jose Luis sufrió su accidente. Conversa con Oscar Manuel Soto Portillo, la persona que salvó su vida.

Ahí quedé tirado, viendo como pasaban unos cien o ciento cincuenta vagones, bajo el ruido estremecedor de “La Bestia”, desangrándome, pidiendo auxilio. Estaba consiente, miraba la sangre brotar, mi pierna desecha, mi brazo. Lo miraba, pero mi cerebro no aceptaba que había perdido parte de mi cuerpo. Sentía ganas de pararme, correr y pedir auxilio, lo intenté, no pude. Lo único que pude hacer fue sentarme y gritar ¡auxilio!.

¿Quién te ayudó?

JL. Un hombre iba pasando, me miró tirado y corrió hacia mí. Era paramédico de la Cruz Roja, andaba su radio y pidió una ambulancia, en cuestión de minutos llegaron y me llevaron al Hospital. Los doctores no creían como aún estaba con vida después de lo que me sucedió. Desperté hasta el segundo día. Ni siquiera podía llorar, quería gritar pero estaba inmóvil por los medicamentos. Solo sentía como las lágrimas salían de mis ojos.

¿Cuánto tiempo te llevó recuperarte físicamente?

JL. Estuve dos años en tres hospitales de México. Me hicieron nueve cirugías para no perder mi mano izquierda, pudieron rescatarme dos dedos de mi mano.

¿Tu familia supo inmediatamente lo que te había sucedido?

JL. Fueron avisados al tercer día por la Cruz Roja Internacional. Pero tardaron más de un mes para lograr los permisos de la embajada mexicana. Hasta que pudieron venir y acompañarme en mi recuperación en los hospitales.

¿Cómo fue tu regreso a Honduras y que sentiste al retornar, puedo decir que en una condición peor a la que te fuiste?

JL. Yo no quería regresar, no quería que mi familia me viera así. Cuando regresé todos me recibieron con sonrisas para animarme, yo sabía que eran fingidas. Recuerdo que una vez fui al baño de la casa y cuando salí no miraba a nadie, los busqué y estaban escondidos llorando en rincones de la casa, no quería que yo no los mirara tristes, que sufrían por la condición en la que había regresado. Eso fue muy doloroso.

¿Qué cambió a partir de tu tragedia en busca del “Sueño Americano”?

JL. Imagínate. Regresé miré mi guitarra y no podía tocarla, miré la cancha de futbol donde jugaba y me sentí impotente. Si antes era difícil por la crisis en que vivía y la precaria situación de mi familia, imagina ahora que yo representaba una carga para ellos. Sin embargo ellos me ayudaron a salir adelante, han sido mi apoyo.

Lograste organizarte junto a otros hondureños en tu misma condición y con historias similares, ¿cómo sucedió?

JL. Eso fue gracias a algunas organizaciones como Cofamipro, el Eric, Caritas, a través de las que nos fuimos involucrando, nos daban talleres y enseñaban nuestros derechos. Nos animaron a organizarnos para formar la Asociación de Migrantes retornados con Discapacidad, Amiredis, un 24 de mayo de 2008, con el propósito de exigir nuestros derechos y que el gobierno no solo viera las jugosas ganancias que dejan las remesas, sino también las consecuencias que deja la migración y se haga cargo de quienes son mutilados en busca del sueño americano. Pero el gobierno nos ignora.

¿Qué edad tenés ahora José Luis?

JL. Ya tengo 30 años. Espero entender por qué estoy vivo. Lo estoy buscando.

¿A qué le tenés miedo?

JL. Yo no le tengo miedo a nada, prácticamente morí cuando ese tren me mutiló mi cuerpo y si puedo servir para cambiar la situación que vive mi gente lo voy a hacer no tengo nada que perder, pero si la oportunidad de lograr muchas cosas.

Pregunté a un colega periodista por vos y me dijo, “José Luis está en la USA”,  me causó sorpresa. ¿Cómo llegas a Estados Unidos?

JL. En la desesperación de nadar contra la corriente en Honduras, con la frustración de sentirnos inmigrantes en nuestro propio país, nos dijimos ¿por qué no vamos a Estados Unidos a hablar con Obama que escuche cara a cara nuestras experiencias y lo que vivimos en el viaje a Estados Unidos y le contamos lo que nos pasa en nuestro país?

Y así fue como 17 personas (Unos con muletas, otros en silla de ruedas, con prótesis) decidimos hacer el viaje de mojados” y nos vinimos el 25 de febrero del 2015 sin papeles y sin nada, con una idea loca pero ya sin nada que perder, porque no tenemos vida en Honduras.

Hicimos el viaje, como la primera vez, pidiendo, sufriendo, recibiendo ayuda de gente de buen corazón, hasta que llegamos a la frontera entre México y Estados Unidos.

¿Qué pasó ahí en la frontera?

JL. Pedimos un permiso para cruzar la frontera y entrar a Estados Unidos. Lo negaron y nos detuvieron por dos meses sin ninguna consideración, incomunicados. Hice una semana de huelga de hambre. Una vez me encadenaron, pusieron una cadena en el abdomen, ya que como solo tengo un brazo no podía esposarme. Lloré al ver cómo me trataban, creía que por mi condición iba a ser diferente. Algunos compañeros no aguantaron y firmaron la deportación.

Cuando saliste de la prisión en condición de Asilado Político, ya en territorio americano, ese al que en dos ocasiones anteriores intentaste llegar ¿Qué hiciste?

JL. Sonreí al sentirme nuevamente en libertad. Sentí orgullo y satisfacción porque mucha gente creyó absurdo lo que hacíamos, hasta el propio embajador de Honduras en México nos quiso regresar en un avión diciendo que era absurdo lo que intentábamos.

Para mí la satisfacción es la lucha que emprendimos y lo que podemos lograr estando aquí para ayudar a otros en nuestro país. Ya no busco “el sueño americano, porque para mí el “sueño americano” terminó cuando me caí de ese tren.

Jose Luis (izquierda) junto a compañeros de Amiredis. 10 de ellos aun permanecen en Estados Unidos.

¿Qué ha cambiado en tu vida ahora que vives en Estados Unidos?

JL. Sigo haciendo incidencia, doy charlas y trato de convencer a muchos de la problemática y las consecuencias de la migración. Ando queriendo subirme a los edificios más altos y gritar a voz en cuello todo lo que está pasando cada día con las personas que migran y pasan por México.

Con lo de Obama todavía no tenemos respuesta por parte de la Casa Blanca pero seguimos tocando puertas para que nos reciba. Mientras vivo aquí de la caridad de las personas, no es fácil, porque en este país quien no trabaja está fregado. Ahí ando como “Don Ramón”( personaje del El Chavo del 8) con problemas para pagar la renta. Pero seguiré con ese sueño por el cuál llegamos a este país. Buscar la ayuda para nuestra gente, más de 700 mutilados en toda Honduras y 53 solo en la ciudad de El Progreso.

Vi en imágenes en tu Facebook que conociste la nieve y te vi sonriendo, ¿cómo fue la experiencia?

Sonríe, como apenado…

JL. Si. Donde yo vivo en Maryland, aquí cae nieve y fui a hacer unos chapuzones. Este país tiene muchas cosas bonitas a pesar de todo. Parte de la naturaleza y lo bonito que Dios creó para el ser humano.

¿Volverás a Honduras?

Hace silencio, parece que medita la respuesta…

JL. Al no más poder voy a regresar, porque necesito las manos de mi mamá, de mis hermanos, los necesito. Ellos son esas manos que no tengo.

Jose Luis, han pasado casi 10 años desde tu accidente, podrías decirme ¿Qué te robó La Bestia y qué no pudo robarte la Bestia?

“La Bestia” me robó el don de tocar una guitarra, robó los sueños que traía de ayudar a mi familia, robó mi pierna, mi brazo, mi otra mano, pero no me robó los sueños de ver una Honduras mejor, los sueños de poder abogar por tanta gente que necesita que seamos su voz. Tampoco me robó las esperanzas que aún tengo.

Ahora entiendo que hay cosas  imposibles, como el que me vuelva a crecer mi brazo o mi pierna, pero si hay cosas que son posibles, esas son las que quiero lograr.

 

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  • 24 septiembre, 2016 en 2:21 pm
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    Caballero, con todo mi corazon, gracias por poner mi viaje a los Estados Unidos en una perspectiva. Mi viaje aqui como mujer a los 18 anhos no fue facil, pero leyendo su historia, ya veo que mi experiencia pudo haber sido muchisimo peor.

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